El coco es una fruta que puede comercializarse de diferentes formas. En el mercado encontramos su versión fresca o desecada, así como productos derivados como la leche, el agua o el aceite de coco.
Su valor nutritivo varía según sea fresco o seco. Sin embargo, en general, tiene un contenido considerable de vitaminas, como ácido fólico y vitamina C, minerales, como potasio, magnesio, fósforo, selenio y zinc, así como fibra, importante para el buen funcionamiento intestinal.
La forma fresca puede ser una opción a considerar después del entrenamiento, ya que además de ayudar a reponer las sales minerales, es una buena forma de hidratarse.
Uno de los derivados del coco más utilizados en la actualidad es el aceite de coco. Aunque este aceite está compuesto en su mayor parte por grasas saturadas, es una excelente fuente de energía, ya que el organismo lo metaboliza fácilmente. En este sentido, podría ser una opción a considerar como sustituto de mantequillas, margarinas y aceites más tradicionales. Además, debido a los compuestos que contiene, el aceite de coco ayuda a fortalecer el sistema inmunitario y a retrasar el envejecimiento prematuro al proteger al organismo del estrés oxidativo.


