La inflamación crónica se produce cuando el organismo produce sustancias inflamatorias de forma sistémica y persistente. Estas sustancias pueden medirse y algunas de ellas proceden de los alimentos que ingerimos.
Para evaluar el grado de inflamación utilizamos análisis clínicos de sangre, que nos permiten ver qué sustancias inflamatorias se están produciendo y cuáles están presentes en el organismo. Además, hay otros factores que nos permiten evaluar el grado de inflamación, como las características morfológicas en términos de mediciones de la composición corporal y la sintomatología.
Los síntomas asociados a la inflamación crónica incluyen cansancio, sensación de hinchazón, dolores de cabeza, dificultad para dormir, mala digestión, alteración del tránsito intestinal, entre otros.
Existen diferentes grados de inflamación, que pueden dividirse en leve, moderada y grave. Es normal que todas las personas tengan algún grado de inflamación debido a las condiciones a las que están sometidas y expuestas a diario.
Dado que el cuerpo se inflama constantemente, es fundamental contar con una estrategia que ayude a desinflamarlo de forma repetida y sin esfuerzo, y esto debe considerarse como un proceso natural. Es en esta estrategia donde entra en juego la importancia de adoptar una dieta adecuada y personalizada, teniendo en cuenta las características de cada individuo. El verano no es una excepción.
Cuando hace calor, hay una mayor tendencia a beber líquidos, y aquí hay que tener cuidado. El consumo de bebidas alcohólicas y bebidas con altos niveles de azúcar puede causar inflamación, especialmente cuando se consumen en grandes cantidades.
Por ejemplo, la piel de la uva es rica en resveratrol, una sustancia antioxidante importante en la prevención de enfermedades cardiovasculares, que también está presente en el vino tinto. Un vaso de vino tinto puede ser antiinflamatorio, pero en un organismo ya inflamado se convierte en inflamatorio, ya que contribuirá a aumentar la carga del hígado.
Esto no significa que no puedas tomarte una copa de vino, sino que debes equilibrar tu dieta y compensarlo, por ejemplo, haciendo ejercicio los días siguientes y bebiendo mucha agua.
Las bebidas con más azúcar se absorben fácilmente y favorecen la glicación, que hace que el cuerpo enferme más rápidamente, se inflame y envejezca la piel, el pelo, los dientes y los órganos.
Una buena elección de bebidas refrescantes y antiinflamatorias para el verano son los tés especiados sin azúcares añadidos.
En cuanto a los tentempiés, los caracoles son un excelente alimento proteínico, siempre que no comas demasiado pan y optes por bebidas antiinflamatorias.
Cuando se trata de marisco, sabemos que hay algunos más sanos que otros por la forma en que se crían. Una excelente opción podrían ser, por ejemplo, las almejas bien aliñadas con dos elementos antiinflamatorios como el cilantro y el aceite de oliva.
Otras opciones pueden ser ensalada de pulpo, ensalada de huevas, revueltos con tomate, pescado, que es un alimento rico en omega-3, acompañado de ensaladas y verduras, sobre todo crucíferas que también se pueden utilizar en batidos.
Entre las frutas antiinflamatorias se encuentran las uvas, como ya se ha mencionado, las manzanas, preferiblemente sin pelar, y las bayas rojas.
Por ello, la dieta combinada con la actividad física y una buena gestión del estrés desempeñan un papel fundamental en la reducción de la inflamación crónica, en el bienestar del organismo y en la promoción del antienvejecimiento.
El cuerpo de cada persona es diferente, por lo que lo más importante es someterse a una evaluación y un seguimiento adecuados para poder encontrar las estrategias más apropiadas para usted y su bienestar.
Cada cuerpo es diferente, por lo que la dieta, la suplementación y el ejercicio que se apliquen deben ser personalizados y adecuados a cada persona.

