El estrés y la vida emocional de cada persona están estrechamente relacionados con el control del peso, ya que influyen en el comportamiento alimentario, la actividad física frente al sedentarismo y, en consecuencia, en la salud y el bienestar generales.
Las pruebas científicas demuestran que el estrés contribuye al aumento de peso. Esta correlación se explica por la producción de hormonas y enzimas que influyen en el apetito y la acumulación de grasa. El estrés acelera la producción de cortisol. Además de ralentizar el metabolismo, esta hormona aumenta el apetito cuando se produce en exceso. El cortisol también refuerza el deseo de consumir alimentos hipercalóricos, ricos en azúcares y grasas, lo que repercute negativamente en el comportamiento alimentario. Además de la comida, el alcohol también puede considerarse un refugio y una forma de hacer frente al estrés, lo que influye directamente en el control del peso y el bienestar general.
Por lo tanto, cuando resulta difícil perder peso, es imprescindible realizar un análisis integral. Especialmente cuando existe un patrón de Hambre Emocional, en el que la persona recurre a alimentos reconfortantes para hacer frente a sus estados emocionales.
En la necesidad de recompensa intervienen variables emocionales. Las dificultades para conciliar la vida profesional y personal, los problemas conyugales, las pérdidas afectivas, los procesos de duelo y las debilidades inherentes a la estructura de la personalidad son las variables más frecuentemente asociadas a estos patrones. Al reducir la fragilidad emocional, también disminuirá la necesidad de recurrir a este bastón: la comida. Al mismo tiempo, es fundamental idear otras estrategias para reducir/eliminar las variables de estrés e introducir variables generadoras de bienestar en el día a día de cada persona, introduciendo momentos de autocuidado en la rutina. De este modo, la comida dejará de ser la única fuente de placer y se promoverá un estilo de vida más equilibrado y una relación más sana con la comida. En este contexto, la introducción de la actividad física desempeña un papel importante, debido a su doble efecto sobre las dimensiones metabólica y emocional.
A menudo, estos cambios se basan en un proceso de desarrollo personal y autorreflexión. La toma de conciencia es crucial para cambiar el patrón negativo en el que se encuentra la persona.
Una vida emocional equilibrada es fundamental para un estilo de vida sano.
Dé prioridad a su salud, invierta en su bienestar psicológico.

